domingo, 14 de abril de 2013

El epítome de la “humanización” A01019216



José Saramago, escritor portugués y ganador del Premio Nobel de Literatura en 1998 escribió Ensayo sobre la ceguera publicada en 1995, mismo año en el que fue galardonado  con el Premio Camões.
Esta novela relata los desafortunados sucesos que acaecen en toda una población, extrañamente uno a uno va perdiendo la visión.  Los primeros enfermos son apartados del resto de los ciudadanos, pero inevitablemente la epidemia se extiende entre todos los habitantes que terminan recurriendo a sus cuatro sentidos restantes en la lucha por sobrevivir en un ambiente hostil dominado por los sentimientos más primitivos del ser humano.  
José Saramago hace una crítica a lo largo de toda la novela sobre los defectos de la sociedad contemporánea, supuestamente civilizada, en una historia fácil de leer, pero que esconde un mensaje universal: la incapacidad de ver la realidad objetivamente.
 El título de esta novela puede resultar confuso por la palabra “Ensayo”, ya que no se explica científicamente en ningún momento las causas de la enfermedad, pero el lector entenderá después de las primeras páginas que se trata más bien de un libro que incita a la reflexión del indebido comportamiento humano.
  El texto es contado cronológicamente por un narrador omnisciente, naturalmente en tercera persona, que observa desde afuera todo lo que pasa entre los enfermos, unos nobles otros egoístas, además de que conoce el pensar y sentir de cada uno de ellos.   
            Saramago utiliza un lenguaje coloquial que hace fluir la historia de una manera agradable y suele jugar con las palabras para darles un doble sentido. A lo largo del libro, los diálogos de cada personaje aparecen mezclados con la intervención del narrador sin advertir al lector la entrada y salida de cada uno, emulando  los enredos que se dan entre los ciegos en el momento de comunicarse. Otro aspecto notable del estilo de Saramago es el nombramiento nulo de los personajes y lugares, es decir, el escritor en lugar de dar un nombre a cada personaje, ciudad o país lo hace de una manera genérica, posiblemente porque es una crítica no solo a su nación sino a todas las sociedades que han sido alcanzadas por la globalización. A los personajes, en lugar de darles un nombre les da una denominación de acuerdo a las características que lo definen, como su profesión (“el ladrón de coches”) o defectos físicos (“el niño estrábico”). Asimismo  jamás se menciona en el libro el nombre de la ciudad donde inicia la ceguera blanca, ni mucho menos, el país.
            Durante los primeros capítulos posiblemente se piense que la novela es un escenario hipotético de lo que podría pasar si un país entero se quedará ciego y como serían las relaciones entre los sobrevivientes, pero entre más se ahonda en la lectura y en el pensamiento de los personajes el lector se dará cuenta que la ceguera va más allá de no ver lo que está frente a sus ojos, sino que ésta sacará lo peor o lo mejor de cada uno, que nos lleva a preguntarnos si realmente hemos alcanzado como sociedad el nivel de civilidad que presumimos.
            Una lectura disfrutable, combina sentimientos, cuestionamientos morales y reflexiones a partir de la sátira. La elección de sucesos me parece adecuada, pero lo mejor es el final del libro, sin duda los últimos párrafos contienen una excelente reflexión que  eleva el motivo del resto de la novela.

No hay comentarios:

Publicar un comentario